
Apaga la luz del techo. Enciende el pájaro.
La luz del techo lo ilumina todo por igual. Cora hace lo contrario: un brillo cálido a la altura de la mesa, con una lámpara que es tanto un objeto decorativo como una fuente de luz.
La luz sale de su barriga blanca y se posa en un círculo suave sobre la mesa, mientras el resto de la habitación se queda en penumbra. Ponla en la ventana, en la mesita de noche o en la cómoda del recibidor: no hay cable que pasar ni enchufe que buscar.
Son las seis de la tarde y ya es noche cerrada.
Enciendes la luz del techo porque no hay otra. Todo queda igual de iluminado, plano y un poco frío, y la habitación parece una sala de espera.
Enciende Cora y apaga la luz del techo. La misma habitación, la misma noche de noviembre, pero ahora hay un brillo cálido a la altura de la mesa, y la oscuridad puede quedarse al otro lado de la ventana.
Un toque en la cabeza. Ese es todo el manual.
Sin interruptor en el cable, sin mando que rescatar de entre los cojines del sofá. Apoyas un dedo en la cabeza del pájaro y se enciende. Con el mismo dedo regulas la intensidad.
La batería hace el resto. Cora se carga por USB en 1–3 horas y luego alumbra hasta 50+ horas. Llévatela a la cama, ponla en la ventana, déjala toda la noche en la habitación de los niños. Sin agujeros, sin cables, sin electricista.
¿Plateado, dorado o madera?
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Plateado
Cromado brillante que refleja la habitación. Para un hogar minimalista.
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Dorado
Un tono dorado pulido. La calidez de la luz, reflejada en el propio pájaro.
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Madera clara
Acabado en madera clara. El que mejor se integra en la mesita de noche.
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Madera oscura
Acabado en madera oscura. El que más contrasta con la barriga blanca.
Donde más luce.
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La mesita de noche
La última luz que apagas: con un toque, sin buscar el interruptor a tientas.
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La habitación de los niños
Atenuada hasta un brillo suave. La batería dura toda la noche.
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El escritorio
Una luz cálida junto a la pantalla cuando la luz del techo está apagada.
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El recibidor
Lo primero que enciendes al llegar a casa, en lugar de la luz del techo.
El regalo que no acaba en un cajón.
La mayoría de los regalos se usan una vez. Cora se queda a la vista y se enciende cada noche: para quien acaba de mudarse, para quien ya lo tiene todo, para un niño que quiere su propia luz junto a la cama.
Nada que instalar, nada que pueda salir mal. Sin casquillos de bombilla que tener en cuenta ni pantallas que combinar. Tú eliges el acabado; lo demás ya está resuelto. Un regalo de Navidad, para estrenar casa o porque sí, y si te llevas dos, el precio mejora: una para ti y otra para regalar.
Preguntas frecuentes
Opiniones de clientes
luz quitamiedos en el cuarto de los niños
Nuestra hija de cuatro años la tiene en su estantería, atenuada al mínimo para que dé una luz suave. La enciende y la apaga ella sola. La batería ha aguantado varias noches entre carga y carga.
un toque y se enciende
La tengo en la mesita de noche. La enciendo con un toque en la cabeza al acostarme y bajo la intensidad cuando termino de leer. La luz es cálida de verdad, nada fría.
un regalo que gustó mucho
Regalé la de madera clara a unos amigos que estrenaban casa y a la semana siguiente pedimos otra para nosotros. Le quitamos la cadenita de la espalda; queda más limpia sin ella.
me decidí por la dorada
La dorada está en el alféizar de la ventana del salón. De día parece un adorno y por la noche da una luz preciosa. Sin cables en la ventana, que era justo lo que buscaba.
la llevo de un sitio a otro
Por la tarde la tengo en el escritorio y luego me la llevo a la cama. Sin cables de los que preocuparse. El acabado plateado refleja muy bien la habitación.
bonita, pero el modo blanco
Una lámpara preciosa y la luz cálida es tan cálida como dicen. El modo blanco nos resulta demasiado intenso, solo usamos el cálido. La cargamos más o menos una vez a la semana.
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